Un castillo que nadie abandonó
Castle Fogarty ardió en 1922 y la familia que vivía allí hizo lo que nadie esperaba: quedarse. La finca nunca se ha vendido y con lo que dejó el fuego levantaron un hogar, así que este armazón neogótico cercano a Thurles lleva habitado sin interrupción todo el siglo transcurrido desde entonces. Ahora está a la venta a través de Savills, y se habla de restaurarlo y quizá darle un uso turístico, pero de momento sigue siendo una residencia privada, y eso condiciona por completo cualquier visita.
Conocido también como Fogarty Castle, se alza sobre una elevación a unos 9 km al noroeste de Thurles y a 21 km de Cashel, en una finca de 102 acres con unos 800 árboles maduros.
Los O’Fogarty y lo que vino después
El castillo debe su nombre al clan O’Fogarty, que lo tuvo como sede hasta 1790. La familia dejó huella en toda la comarca: el apellido Ó Fógartaigh significa «descendiente del desterrado», y su antiguo territorio de Éile Uí Fhogartaigh pervive en el nombre de la baronía de Eliogarty, en torno a Thurles (Durlas).
En 1790 la finca pasó por matrimonio a la familia Lanigan y, en 1865, a los Ryan, que siguen siendo sus propietarios. Fueron los Lanigan quienes dieron al castillo su aspecto actual: en la década de 1840 reconstruyeron la estructura anterior como un «castillo» neogótico, con torres, almenas, contrafuertes y un escudo de armas tallado con un lema en irlandés. La ruina, hoy sin tejado, ronda los 4.305 pies cuadrados.
Durante la Guerra de Independencia, en 1921 el castillo sirvió de cuartel de la RIC, y al año siguiente un incendio lo dejó destruido. En lugar de marcharse, los Ryan construyeron una vivienda con las partes que se salvaron del castillo y de sus dependencias, y allí viven desde entonces.
El arpa de los O’Fogarty
La reliquia más conocida de la finca es el arpa de los O’Fogarty, un instrumento de finales del siglo XVII que perteneció a Cornelius O’Fogarty (1661-1730). Se expone en la Tipperary County Library de Thurles, aunque las fuentes no coinciden en si fue vendida, donada o cedida en préstamo, así que conviene confirmar que está expuesta antes de hacer el viaje por ella.
Cómo ver el castillo
Que quede claro antes de ir: esto es la casa de alguien, no un lugar turístico. No se puede acceder al interior, no hay visitas guiadas ni servicios para el visitante. Lo que sí puedes hacer es verlo por fuera, y merece la pena. Un sendero público recorre el muro de la finca y, desde él y desde la carretera, se obtienen las mejores vistas de las torres, las almenas y el patio sin pisar terreno privado. Para aparcar hay un puñado de plazas en un apartadero; no existe aparcamiento. Los perros con correa no suponen problema en la carretera ni en el sendero. No te salgas de los caminos públicos y no te subas a los muros ni te apoyes en ellos.
Por el entorno, la primavera (abril-mayo) es la mejor época, cuando florece el jardín amurallado; la otra es octubre, con los árboles de la finca cambiando de color.
Cerca de allí
- Ballynahow Castle: una casa torre circular muy bien conservada a unos 3 km.
- Thurles: a 9 km, con un paseo fluvial junto al Suir, la Cathedral of the Assumption y calles georgianas.
- Devil’s Bit Mountain: a unos 15 km al norte, una colina de cima plana con senderos señalizados y amplias vistas sobre el valle del Suir.