Panorámica
La gente acude a St John’s Well para librarse de las verrugas. El manantial brota en la ladera norte de Mushera, sobre el valle de Millstreet, al norte de Cork, y su nombre irlandés lo dice todo: Tobar na bhFaithní, el pozo de las verrugas. Los peregrinos se mojan las manos en el agua (hay una pila lateral más pequeña reservada para la cura, de modo que el manantial principal se mantiene limpio) o se llevan una botella a casa, y una tradición muy arraigada asegura que así desaparecen las verrugas y los bultos de la cara. Creas o no en ello, este es el más accesible de los tres pozos dedicados a San Juan de Mushera y el único al que se llega sin una dura subida por el monte.
Historia y desarrollo
La devoción fue bajando de la montaña. El pozo principal se encontraba en su origen en lo alto de Mushera Mór, y llegar hasta él suponía una trepada agotadora. A finales de los años cuarenta, Robert Kelleher, de Ballinagree, construyó una plataforma de madera más abajo en la ladera para que más gente pudiera asistir a la romería; con el tiempo la madera se pudrió y se sustituyó por hormigón.
El lugar adquirió su forma actual a partir de 1954, cuando Michael Buckley, de Aubane, subió una imagen de San Juan hasta el manantial de la ladera. En 1958, un comité de vecinos ya había levantado el santuario central permanente con trabajo voluntario, con una estatua de San Juan con túnica roja que ese mismo año bendijo el canónigo Costello, de Millstreet. Lo flanquean dos grutas más pequeñas: una alberga la imagen original y la otra, un Niño Jesús de Praga sin cabeza junto a una estatua de la Virgen María. El vía crucis llegó mucho después. Se financió con un legado de Sonny Buckley, fallecido en 1979, y se fue erigiendo a lo largo de los años ochenta: lo diseñó el escultor de Cork Liam Cosgrave, de Cosgrave & Sons, y lo construyeron los voluntarios John y Brendan Kelleher con piedra caliza de Ballygiblin.
Las rondas y la cura
Las «rondas» del peregrino son aquí bien sencillas: mojarse las manos en el agua, rodear el pozo tres veces y rezar las oraciones mientras se camina. A lo largo del sendero se dejan como señales pequeñas piedras planas grabadas con cruces, y junto a la estatua hay un buzón de peticiones para las oraciones escritas.
La fama del pozo descansa en esa cura de las verrugas. La gente se moja las manos o llena una botella para llevársela a casa, y para ello está apartada la pila secundaria, más pequeña. Las recopilaciones de folclore local recogen la tradición, y alguna que otra historia de una verruga desaparecida de la noche a la mañana tras cumplir las rondas el día de San Juan.
El día de San Juan
Si solo vas a venir una vez, ven el 24 de junio, día de San Juan, cerca del solsticio de verano. La misa en la gruta se celebra aquí todos los años desde 1974. Hasta hace bien poco, la jornada era tanto feria como devoción: en el townland (la unidad territorial menor de Irlanda) de Moulnahourna se montaban puestos que vendían dulces, cerveza negra y limonada, había partidas de trile, el cantante Bill O’Dea y el «San José» Lucey, de barba blanca, animaban a la concurrencia, y las hermanas Han y Judy Murphy vendían agua del pozo servida de un cazo. Los puestos ya no están. La misa, las rondas y el gentío sí, con sacerdotes de la parroquia de Millstreet oficiando por lo general.
Folclore y raíces más antiguas
Como tantos pozos sagrados de Irlanda, este empezó seguramente como un manantial pagano que más tarde la Iglesia hizo suyo y bendijo. La leyenda local vincula a San Juan de Mushera con tres hermanas, Lasair, Ingean Bhuide y Latiaran, cuyas festividades caen en antiguas fiestas estacionales celtas, y la fecha del 24 de junio coincide con el viejo solsticio de verano, cuando se encendían hogueras por toda Irlanda la víspera de San Juan. Lo que uno encuentra sobre el terreno son tres capas a la vez: un ritual más antiguo, una advocación paleocristiana y un santuario levantado por un comité parroquial en los años cincuenta.
Visita e información práctica
- Entrada: gratuita, abierto todo el año y sin horario fijo.
- Cómo llegar y aparcamiento: al pie del santuario hay un pequeño apartadero de grava y un aparcamiento. Desde allí, un sendero sin asfaltar de unos cinco minutos, con escalones y terreno irregular, sube hasta el pozo; no es apto para sillas de ruedas ni carritos de bebé.
- Servicios: bancos donados por familias de la zona y poco más. No hay aseos ni agua potable en el recinto.
- Qué llevar: calzado resistente y una botella reutilizable si quieres recoger agua.
- Normas de cortesía: un comité de voluntarios cuida el lugar. No te salgas de los senderos marcados y deja las piedras votivas donde están.
En los alrededores
Este es el más fácil de alcanzar de los tres pozos de Mushera. El pozo original de la cumbre, en Mushera Mór, es ya de por sí una caminata de montaña, y hay un tercero en la vertiente de Kilcorney. Las Boggeragh Mountains, que rodean la zona, tienen senderos señalizados que pasan junto a tumbas de galería y menhires, y en Millstreet, a unas millas de aquí, están las tiendas y los sitios para tomar algo más cercanos.
Si vas a hacer coincidir la visita con el 24 de junio, llega pronto, porque el aparcamiento es pequeño, y deja tiempo para las rondas antes de la misa.