El cruce
Los 14 pilares de piedra que desfilan por Cummeen Strand resumen toda la historia de Coney Island. Se levantaron hacia 1845, alineados con el faro de Black Rock para que quienes cruzaban de noche encontraran el trazado seguro, y llegaron después de una racha de ahogamientos, entre ellos el del propio dueño de la isla, William Dorrin, que perdió la vida en el arenal en 1823. Tómatelo como una advertencia y no como una curiosidad: todos los años sigue habiendo gente que se queda aislada aquí.
Cruza a pie si puedes. Con la marea baja se abre sobre el arenal una pista de arena de unos 2,5 km, y el paseo lleva unos 40 minutos en cada sentido, con Strandhill al sur y Benbulben al norte. El calzado impermeable es imprescindible: la arena cercana a la línea de pleamar sigue blanda y fría incluso en julio. Puedes cruzar en coche o en bici de ruedas anchas, pero te pierdes lo mejor; y vayas a pie o sobre ruedas, no te alejes de la línea de pilares: fuera de ella la arena es blanda y casi todos los años se traga algún coche. Si la marea no acompaña, hay un taxi acuático que sale del muelle de Rosses Point y hace la travesía en unos cinco minutos; lo gestiona Sligo Boat Charters, que acepta reservas por internet. El barco se fleta entero, no se cobra por persona, así que confirma el precio al reservar.
Antes de salir, envía un SMS con la palabra CONEY al 51155 desde un móvil irlandés (o al 81400 desde el Reino Unido) para recibir de la RNLI las horas seguras de cruce de ese día: esa respuesta, y no un cálculo a ojo desde la playa, es tu única referencia horaria. La ventana segura gira en torno a la bajamar: cruza con la marea bajando o en bajamar, calcula los 40 minutos de cada trayecto más el tiempo que pases en la isla, y nunca empieces a cruzar si hay agua sobre el arenal, porque vuelve a inundarse mucho antes de la pleamar. Si aun así te sorprende la marea, no intentes ganarle la carrera: llama al 999 o al 112 y pide que avisen a la Guardia Costera.
Qué hay en la isla
Coney es más grande de lo que parece desde la orilla, alrededor de milla y media de largo por tres cuartos de milla de ancho, y debe su nombre a coinín, «conejo» en irlandés, por la madriguera que aún horada las dunas. El paisaje conserva las huellas de una larga ocupación: fuertes de hadas y los restos de terraplenes de fuertes circulares, y los lugares sagrados de St Patrick’s Well y St Patrick’s Wishing Chair. Los muros de piedra seca separan playas desiertas, y todo el lugar tiene la quietud de lo que se ha ido vaciando a lo largo de un siglo.
Porque eso es lo que ha pasado. A mediados del siglo XIX la isla mantenía a unas 124 personas y una escuela con 45 niños; en 2006 quedaban seis vecinos, y en 2022 solo un habitante permanente, de una familia cuya presencia aquí se remonta a la década de 1750. La electricidad no llegó a la isla hasta 1999, mediante un cable subterráneo. El folclore es abundante: relatos de hadas, sirenas y espíritus, una ballena varada y el «Milagro de Coney», el Día de los Conejos, buena parte de ello recogido por escrito en la colección de folclore escolar de 1937-38. Otra leyenda cuenta que un capitán irlandés llevó el nombre al otro lado del Atlántico, hasta el Coney Island de Nueva York; los historiadores no acaban de creérselo, pero a la gente de aquí le encanta la versión.
El pub y lo práctico
Hay un único pub, Michael J. Ward’s (las fuentes más antiguas lo llaman McGowans), y funciona con horario isleño: irregular, más o menos de jueves a domingo en verano. Más que un negocio es el salón de la isla, con algunas provisiones, alguna sesión de música tradicional y, según cuentan, hasta pizza, y es donde de verdad vas a encontrarte con alguien. No des por hecho que estará abierto: lleva tu propia agua y comida, y vuelve con toda tu basura, porque aquí no hay más tiendas ni aseos públicos.
Hay aparcamiento gratuito en el desvío hacia Cummeen Strand, cerca de Strandhill; llega temprano si el día de verano acompaña, porque se llena enseguida. Los perros son bienvenidos, pero llévalos atados por las aves que anidan en el suelo. Calcula entre una y tres horas en la isla; más tiempo y estarás pendiente de la marea.
Cómo llegar
Desde Sligo town, toma la R292 en dirección oeste hacia Strandhill y, pasado el cementerio de Scarden, gira por la carretera señalizada hacia el cruce de Cummeen Strand. ¿Te alojas en Rosses Point? El muelle del taxi acuático está en el puerto, a un paseo corto del pueblo. En cualquier caso, consulta la marea antes de salir: es el detalle que separa una buena tarde aquí de una mala.
