Descripción general
El Irish Times llegó a describir la caminata hasta Glen Head como «posiblemente la ruta costera más bonita de Irlanda», y en un día despejado cuesta llevarle la contraria. El promontorio custodia la boca occidental del valle de Glencolmcille, en el condado de Donegal, donde el Atlántico ha tallado la cuarcita en forma de arcos, farallones y profundos barrancos. El recorrido pasa por una torre de vigilancia napoleónica, la cresta desgarrada del Sturrall y un fondo de valle salpicado de monumentos que van del Neolítico a las guerras napoleónicas, conservados en buena medida gracias a lo remoto y lo pobre que se mantuvo este rincón durante tanto tiempo.
La ruta costera
La caminata arranca en Beefan, a unos 1,5 km del pueblo de Glencolmcille, y sube hasta la torre de señales de piedra que corona el promontorio, una de las muchas que se levantaron hacia 1800, bajo el mando del general de división sir Charles Ross, para vigilar un posible desembarco francés. Desde la torre, el sendero continúa hacia el Sturrall, una afilada arista marina de cuarcita que cae sobre arcos socavados y farallones batidos por el oleaje. Aquí no hay caminos acondicionados, solo hierba rasa y roca.
La ruta sigue por la costa hasta el pueblo de Port: unos 5 km con 220 m de desnivel positivo, alrededor de tres horas a paso tranquilo. Cerca del final pasarás junto a un monumento a la tripulación del Sydney, un barco que se perdió frente a esta costa en 1870. Está catalogada como fácil o moderada, pero eso no hace justicia a la exposición: varios tramos discurren muy cerca de bordes de acantilado sin proteger, un mal sitio para pillar viento fuerte o terreno resbaladizo. Apta para niños mayores, pero no para los más pequeños.
Colmcille y el Turas
El valle que se abre a los pies del promontorio debe su nombre a san Colmcille (Columba), nacido en Donegal hacia el año 521 d. C., fundador del monasterio de Iona y uno de los grandes artífices de la llegada del cristianismo al norte de Britania. Su vínculo con este valle quedó recogido en la Life of Colum Cille, obra del siglo XVI de Manus O’Donnell.
Cada año, el día de su festividad, el 9 de junio, el Turas Glencolmcille reúne a peregrinos que recorren quince estaciones penitenciales repartidas por el valle. Las estaciones combinan la devoción paleocristiana con lugares mucho más antiguos: la primera es una tumba megalítica reutilizada, ritual cristiano superpuesto sin más a la piedra neolítica.
Una de las estaciones se encuentra en Baile na nDeamhan, la Aldea de los Demonios. Cuenta la historia que los demonios que san Patricio había expulsado del Croagh Patrick huyeron hasta aquí, envolvieron la cañada en niebla y convirtieron el río en fuego, hasta que Colmcille y un grupo de santos lanzaron una lanza entre la bruma y los arrojaron al mar, donde se transformaron en peces rojos y tuertos. Es de esa clase de relatos que todavía se aferran a este paisaje.
Información práctica
| Característica | Detalles |
|---|---|
| Apertura | Abierto todo el año; peregrinación completa del Turas el 9 de junio |
| Entrada | Gratuita |
| Ruta | Unas 3 horas (5 km, 220 m de desnivel) |
| Accesibilidad | No apta para sillas de ruedas; largos tramos campo a través |
| Perros | Limitado: buena parte del recorrido cruza fincas ganaderas en uso |
| Niños | Mejor para niños mayores (a partir de 12 años) por los bordes de acantilado |
| Aparcamiento | En el pueblo de Glencolmcille, junto al Fire Station / Ionad Siúil |
Cómo llegar y servicios cercanos
El inicio de la ruta queda junto a la L5055 que atraviesa Glencolmcille, con aparcamiento en el pueblo, cerca del Fire Station / Ionad Siúil. Si viajas sin coche, la línea 293 de Local Link Donegal une Donegal Town con Glencolmcille; bájate en Cashel National School, a un paseo corto del arranque en Beefan.
Glencolmcille es un pueblo de la Gaeltacht (la zona donde el irlandés sigue siendo lengua de uso diario) y sede de Oideas Gael, el centro de lengua y cultura irlandesas. Hay gasolinera, tienda y oficina de correos, además de pubs como Roarty’s y Biddy’s, donde casi siempre hay una sesión de violín a mano, un buen sitio para entrar en calor después del viento del promontorio. Si organizas la visita para principios de junio, coincidirás con el Turas; si vienes en temporada media, lo más probable es que tengas los acantilados para ti solo.
