Resumen
Ballymoon Castle nunca se terminó, y puede que nunca se llegara a habitar. Lo que sobrevive, en un campo a unos tres kilómetros al este de Bagenalstown, en el condado de Carlow, es el esqueleto de un ambicioso proyecto abandonado hace unos 700 años: un patio de granito casi cuadrado con muros de 6 metros y nada en su interior. Es un Monumento Nacional, de entrada gratuita, sin verjas, sin taquilla y sin horario fijo. Un corto camino va desde la carretera hasta un pequeño puente de madera sobre un foso, y desde ahí ya estás sobre los muros. La mayoría de los días serás el único allí.
Historia y arquitectura
Las obras comenzaron hacia 1290–1310, cuando los señores anglonormandos aún estaban consolidando su dominio sobre las tierras del interior. El candidato habitual como promotor es Roger Bigod, V conde de Norfolk; otros apuntan a la familia Carew, que más tarde poseyó la finca. Siendo honestos, nadie está seguro de quién lo pagó.
Lo que está más claro es qué se estaba construyendo. Ballymoon era una residencia de alto estatus, no un castillo de guerra. Los muros son gruesos –unos 2,4 metros de espesor y 6 metros de alto–, pero no hay foso, ni foso perimetral, ni torres salientes. Donde cabría esperar torreones defensivos, el muro lleva en su lugar conductos de letrina: comodidad, no preparación para un asedio. El plan preveía alas de dos plantas alrededor del patio, caldeadas por una gran chimenea doble aún visible en el muro norte, que habría dado calor a un gran salón.
Nada de ello se completó. Ningún documento medieval menciona a un señor residiendo allí, y la tradición local sostiene que el lugar fue abandonado antes de que nadie se mudara. Excavaciones y prospecciones geotérmicas han demostrado desde entonces que el castillo fue el centro de un asentamiento anglonormando considerable, con hallazgos de los siglos XIII al XV, así que los campos circundantes estaban más concurridos de lo que sugiere la escena vacía de hoy. Las guías antiguas vinculaban el sitio a los Caballeros Templarios; eso es una invención romántica sin fundamento.
Qué ver
El patio mide unos 24 metros por lado, rodeado por esos gruesos muros de granito. Torres cuadradas sobresalen de tres lados; el cuarto alberga la puerta fortificada, y si observas su cantería aún puedes leer las ranuras verticales por donde bajaba un rastrillo para sellar la entrada. Esa puerta es lo único que hay que buscar si solo le dedicas diez minutos al lugar.
En el interior, el suelo registra el plan a medio construir: cimientos bajos donde debían alzarse las alas, y la amplia boca de la chimenea doble en el muro norte. Estrechas seteras y troneras en forma de cruz están cortadas en los muros superiores – los toques defensivos que se colaron en el diseño de los castillos a medida que cambiaba el arte de la guerra. Ven a última hora de la tarde y el sol bajo incide de refilón sobre el granito, resaltando la textura y las roturas de los muros.
Cómo llegar y consejos prácticos
Desvíate hacia Fennagh y sigue la pista de grava unos cientos de metros hasta el puente. El puente es un vano de madera con verjas de muelle sobre el foso – parece más frágil de lo que es, y aguanta bien, pero a algunos visitantes les da reparo a primera vista.
El aparcamiento es el verdadero problema. Hay espacio para exactamente un coche en la entrada con verja, frente al castillo. El resto aparca a lo largo de la carretera estrecha, así que arrímate bien y no bloquees el arcén ni el paso de un tractor.
Accesibilidad: la pista y el suelo del patio son irregulares, de piedra suelta y hierba, y el puente no es apto para sillas de ruedas ni carritos de bebé. Desde la pista de acceso aún se ve la mayor parte del exterior.
Servicios: ninguno en el lugar – no hay aseos, ni centro de visitantes, ni cafetería. Los más cercanos están en Bagenalstown o Fennagh.
Perros: bienvenidos con correa corta. Mantenlos alejados de las secciones bajas de los muros; la piedra es frágil y hay aves que anidan en el suelo.
Cerca de aquí
- Ballyloughan Castle – otra fortaleza del siglo XIII a un corto trayecto en coche hacia el norte, con una sólida puerta fortificada y una casa posterior del siglo XVII que sobrevivió a las guerras confederadas. La pareja natural de Ballymoon.
- Bagenalstown – ciudad a orillas del Barrow, con su puente, algunas cafeterías y las carreras anuales.
- Clashganny Forest – senderos señalizados por el bosque y la esclusa de Clashganny en el Barrow Navigation.
Con media hora le haces justicia al castillo; combínalo con Ballyloughan y un recorrido por el valle del Barrow y tendrás una fácil media jornada por el Carlow medieval.